
Creo que en repetidas ocasiones he estado a punto de tirar estos viejos zapatos, los cuales me siguen haciendo llagas a pesar de su uso diario y de sus incesantes idas y venidas al infierno más decadente imaginado jamás... pero aunque desee con todas mis fuerzas deshacerme de ellos, se han adherido a mi piel con tanta fuerza que es del todo imposible desprenderse de ellos...
Con estos zapatos mágicos aprendí a caminar por el mundo, aprendí a luchar, a quererme a mí misma por encima de todo y a no desfallecer jamás ante las adversidades más precarias; aprendí a querer, aprendí a amar, pero también aprendí a odiar... y el odio es algo que no nos hace ningún bien, nos ciega, nos soborna y nos tienta a volvernos exasperantes y deseosos de todo aquello que no ha estado nunca al alcance de nuestras manos... si, mis manos también llevan guantes, para intentar no transmitir esta radioactividad que acumula mi cuerpo...
Si, desvarío, no puedo evitarlo.
Si, a veces tengo miedo, pero éste me hace día a día más fuerte.
Sí, me compadezco, pero no me regocijo en mi dolor.
Sí, estoy a punto de silenciar mi corazón a base de golpes, aunque la mayoría de las veces lo entregue sin ningún tipo de contemplación.
La eterna duda de si algún día aparecerá alguien en mi camino ya no me ahoga.... mis zapatos mágicos hacen que ya nada me afecte, total, ¿para qué hacerme más daño si ya todo está dicho?. Los príncipes azules no existen, las princesitas valientes tampoco, ahora somos rockeras, heavys, punkys o sibaritas... pero no débiles o lerdas...
La sumisión ya no entra en nuestra cabeza, tan solo cuando buscamos ansiosamente a un macho que te posea de verdad, pero tan solo en cuerpo, el alma que la dejen en paz, está bien encerrada en su jaula de cristal.
A veces quiero reír y no puedo, otras mis carcajadas resuenan por todo mi castillo, vacío de seres racionales y repleto de sueños infinitos. Otras veces debemos echar el ancla porque nuestras lágrimas se transforman en mares oscuros y nos llevan a lugares imposibles, donde el ser humano no debería estar jamás, en el abismo más tétrico del cual a veces es casi imposible salir.
Algún día seré capaz de encontrar las fuerzas necesarias para poder desprenderme de esos zapatos mágicos; el día está por llegar, cada vez que el segundero de mi reloj avanza me voy acercando al lugar adecuado donde mis guantes caigan y mi seriedad radiactiva desmenuce con mis manos los cordones y deshaga las suelas como jabón caliente... cuando llegue ese día dejaré de desvariar... cuando llegue ese día volveré a ser normal... pero de momento me conformaré con seguir creyendo que todo lo que sucede a mi alrededor, todo aquello que me hace daño, es tan sólo un sueño del cual despertaré cuando las agujas detengan su incesante tic tac...